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        Acompañados del Maestro Arellano, partíamos el Viernes a media tarde hacia Oropesa (Toledo). Era nuestro primer evento en el ámbito cultural, y tras varias semanas de preparativos estábamos listos para mostrar la obra de D. Antonio sin miedo a desmerecer con nuestra presentación el nivel de piezas a exhibir.

        La cita y el marco eran todo un reto, XVI Jornadas Medievales de Oropesa de Toledo, recientemente declaradas de interés turístico regional y con una asistencia estimada de más de treinta mil visitantes, además, exponíamos en la Capilla de San Bernardo, edificio emblemático de la localidad y al que todos en el lugar, se refieren como “La Compañía”.

        La exposición "8 espadas" se presentó con un pasillo central, distribuyendo las espadas en zigzag a derecha e izquierda por orden cronológico según antigüedad, comenzando por las emblemáticas Faltaca ibérica y Tizona del Cid y cerrando con las majestuosas espadas roperas de los tercios de Flandes y de Carlos III. Cada una de ellas se mostraba en un soporte de metal artesanal junto a un display que integraba una fotografía de la espada, breve apunte histórico y descripción técnica. Culminando el recorrido con una muestra de objetos de menor tamaño, como dagas de la mano izquierda, también conocidas como dagas de la misericordia, una gumia de bota o una daga romana entre otras, todas ellas grabadas y cinceladas, junto con la proyección continua del vídeo “El último Maestro Espadero”.

     Por fin, el sábado a las 11h inauguramos la exposición, la mañana auguraba unas condiciones climatológicas totalmente primaverales, inestabilidad asegurada, con alternancia de sol y nubes de agua amenazantes, algo que finalmente marcaría el desarrollo de las Jornadas Medievales. En pocos minutos nos vimos desbordados por un transito continuo de visitantes que no cesaba y que nos trasmitía su sorpresa por lo inesperado de la exposición y la belleza de las piezas. Antonio y su hijo estuvieron departiendo continuamente con muchos de los asistentes, que se mostraban interesados por las técnicas utilizadas. Llamaba particularmente la atención el calado a segueta empleado en la Tizona española, de igual forma que todo lo relacionado con el proceso de temple del acero.

        Y así, como si el tiempo se hubiese evaporado sin más, nos avisaban de que era hora de hacer un pequeño descanso para el almuerzo. Aprovechamos sin dudarlo para salir y perdernos como un visitante más por las calles de esta bella población, totalmente engalanada para ocasión y, que irremediablemente te obligaba a transportarte a otro momento de la historia. Todo gracias a su magnifico Castillo (que es parador nacional de turismo), plazas, estrechas calles  y a la inestimable aportación de sus habitantes, que iban perfectamente ataviados como si de sus antepasados se tratase varios siglos atrás.

        La tarde resultó tan intensa como las horas previas, pero todos percibimos un cambio en el perfil del visitante. Particularmente, y siempre bajo mi punto vista, fueron los momentos de mayor calidad del fin de semana, los visitantes de estos últimos instantes eran más pausados, reflexivos e interesados en la exposición como tal. El intercambio de impresiones, ya no sólo de la obra y sus matices, si no de lo que ha representado la espada en cada una de las edades de la historia, su transcendencia y evolución en las formas, estética y manejo fueron muy enriquecedores. Recuerdo conversar con un caballero que mostraba auténtica devoción por la falcata Ibérica, tan característica de los pueblos pre-románicos, y de cómo las legiones romanas la sufrieron en sus carnes hasta el punto de adaptar ese formato de espada corta a su arsenal armamentístico con su gladius hispannienses.

       Lamentablemente, la lluvia hizo acto de presencia el domingo, y no de forma puntual o como un chaparrón pasajero, para desgracia de los oropesanos, la mañana se cerró y el cielo descargo agua de forma casi torrencial hasta pasadas las dos de la tarde. Pudimos contemplar de primera mano la decepción sufrida al recibir la visita del alcalde y ediles de la localidad, no podían ocultar su pesar. Pero no había solución posible, así que rápidamente, todos empezamos a pensar en las XVII Jornadas Medievales, por que siempre que nos sea posible, trataremos de estar presentes en la edición del 2016.

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