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La Espada de San Pablo: el cuchillo de Nerón y su llegada a Toledo. Decapitación de San Pablo. Espadas de Toledo. 1

Una reliquia perdida, por dos veces buscada y jamás hallada. Reproducida y una vez más extraviada. La narración popular siempre mezcla hechos reales y fabulados, pero pocas veces existen tantas certezas como las que rodean a lo que sería la historia de un objeto muy particular, vinculado desde antiguo a Toledo y conocido a lo largo de los años indistintamente como ‘la espada de San Pablo’ o ‘el cuchillo de Nerón’.

La denominación no es baladí. El arma en cuestión llegó a Toledo con la atribución de que con ella se había degollado al apóstol San Pablo, una muerte que la historia atribuye al emperador romano Nerón.

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La antigua tradición cristiana testifica que la muerte de San Pablo tuvo lugar en Roma entre el año 67 y el 68 después de Cristo. Su martirio se narra por primera vez en los ‘Hechos de Pablo’, escritos hacia finales del siglo II, los cuales señalan que el emperador Nerón lo condenó a muerte por decapitación. Era ciudadano romano y no podía ser crucificado. La sentencia se cumplió en el acto.

La imaginería se encargó años más tarde de recrear el martirio, incluyendo el arma que segó su vida: una espada. Pero, ¿cómo llegó ese arma a la ciudad? La figura que presuntamente se encarga de traerla directamente desde Roma tampoco tiene desperdicio.

Se trata del cardenal Egidio Álvarez de Albornoz y Luna, más conocido como Gil de Albornoz, que fuera arzobispo de Toledo entre 1338 y 1350 y cuyo sepulcro ocupa un lugar destacado en el centro de la capilla de San Ildefonso de la Catedral Primada. Gil de Albornoz, fundador del Colegio de Bolonia, trajo a Toledo la presunta espada con la que fue degollado San Pablo directamente desde Roma como un regalo del Papa Urbano V. El Santo Padre número 200 mantenía una estrecha relación con Albornoz, no en vano éste había renunciado a la tiara propiciando así su elección.

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Las armas eran un elemento cotidiano para un hombre como Albornoz. Con 28 años, antes de ser nombrado arzobispo de Toledo, ocupaba el cargo de arcediano de la Orden de Calatrava. Su faceta de militar y religioso lo llevó a combatir en la cruzada europea en Algeciras contra los benimerines del Reino de Fez, y, sin duda, su experiencia militar fue determinante para que Clemente VI le diera el mando del ejército papal en 1350.

Viajó desde Aviñón, sede francesa del papado, con la misión de recuperar los Estados Pontificios. No fracasó, y su figura fue determinante en la configuración del actual Vaticano. Gil de Albornoz murió el 24 de agosto de 1367 en Viterbo, y en 1371 se decidió el traslado de sus restos hasta Toledo en un cortejo por Italia, Francia y España en el que hasta el propio rey Enrique II de Castilla se encargó de portar el féretro.

En su testamento, rubricado bajo la denominación de «Canciller de Castilla y Caudillo de Italia», y en el que se detallan sus posesiones y las donaciones que hace tanto a Toledo como a Cuenca (de donde era oriundo), no figura referencia a la espada de San Pablo, por lo que es complicado datar cuándo llega ésta a Toledo.

El historiador Antonio Martín Gamero, en su libro ‘Los Cigarrales de Toledo’ (página 71), hace referencia a Albornoz como poseedor del cuchillo hasta que lo dona al convento de la Sisla. Lo denomina «preciosa reliquia» que regaló a la Catedral con otras muchas cosas que trajo de Roma.

Si se tiene como correcta la referencia de que Urbano V regala la espada, teniendo en cuenta que su papado duró de 1362 a 1370, y que Albornoz muere en 1367, estaríamos hablando de que el cuchillo de Nerón llegaría a Toledo en algún momento entre 1362 y 1367. Además, hay que tener en cuenta que el convento de la Sisla se funda en 1384, por lo que no se pudo cerrar la donación en vida.

La Espada de San Pablo: el cuchillo de Nerón y su llegada a Toledo. Dibujo de la espada de San Pablo. Espadas de Toledo.

Sea como fuere, lo cierto es que la reliquia terminó en manos de los monjes jerónimos de La Sisla, y desde entonces queda datado, tanto por el historiador Martín Gamero, como por Sixto Parro (‘Toledo en la mano’, tomo II, Página 13), como por Rodrigo Amador de los Ríos (‘Una excursión a las ruinas de la Sisla’, 1910), que el cuchillo era venerado por los fieles el 25 de febrero de cada año, día del apóstol San Matías, permitiéndoles besar la reliquia. La espada estuvo en La Sisla hasta la Guerra de la Independencia, cuando se traslada por seguridad al convento de las Jerónimas de San Pablo «para que no fuera robada por los franceses», pero finalmente retorna en 1814.

Permanece allí seis años más, y en 1820, debido a la expulsión de los monjes jerónimos de La Sisla por la desamortización, la madre abadesa de las Jerónimas de San Pablo escribió una carta al entonces arzobispo de Toledo, Luis María de Borbón y Vallabriga, con fecha 25 de octubre de 1820, solicitando el cuchillo de San Pablo. Fue entregado finalmente a ellas por el padre prior Fray Francisco Moreno de Guadalupe.

Allí permaneció el cuchillo hasta la Guerra Civil, momento en el que desaparece de las páginas de la historia... para pasar a los periódicos.

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